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Rosana Santomé

Ansiedad, agotamiento y burnout

Ansiedad, agotamiento y Burnout

Cada vez son más las personas que se sienten agotadas, tienen ansiedad y no entienden por qué están así. Si te identificas con varias de estas situaciones, es posible que estés atravesando un proceso de ansiedad, agotamiento o burnout.

¿Cómo te sientes?

  • Te sientes agotado aunque descanses.
  • Tu cabeza no para de pensar.
  • Antes disfrutabas de tu trabajo y ahora todo te cuesta.
  • Has perdido la ilusión por cosas que antes eran importantes para ti.
  • Te cuesta concentrarte o tomar decisiones sencillas.
  • Sientes ansiedad, angustia o necesidad de llorar sin entender muy bien por qué.
  • Te notas más irritable, sensible o desbordado de lo habitual.
  • Tienes la sensación de que ya no puedes seguir al mismo ritmo.
  • Pero no puedes parar.
  • No te reconoces a ti mismo.
Cada vez son más las personas que llegan a consulta diciendo algo parecido:
«Siempre he podido con todo y ahora no puedo más.»
Y precisamente ahí suele encontrarse una de las claves del problema.
Cuando siempre has podido con todo
La mayoría de las personas con ansiedad y agotamiento, que llegan a este punto no son personas débiles ni poco capaces, sino más bien lo contrario.
Normalmente son personas responsables, comprometidas y trabajadoras. Personas acostumbradas al esfuerzo, a resolver problemas, a cuidar de los demás y a seguir adelante incluso cuando ya estaban cansadas.
Sin embargo, llega un momento en el que ese «todo» deja de ser sostenible.
A veces es mucho de una sola cosa.
Otras veces es una acumulación de responsabilidades, preocupaciones, exigencias y esfuerzos que se han ido sumando durante años.
El organismo es capaz de compensar durante mucho tiempo, pero no indefinidamente, y cuando los recursos empiezan a agotarse, aparecen síntomas que pueden resultar desconcertantes e incluso aterradores.
Cuando el sistema está sobrecargado
Muchas personas creen que esto ocurre de repente, sin embargo, lo más habitual es que sea el resultado de un largo periodo de:
  • Estrés mantenido
  • Exceso de responsabilidades
  • Autoexigencia elevada
  • Preocupación constante
  • Dificultad para desconectar
  • Falta de descanso real
  • Dificultad para poner límites
Durante meses o años el cuerpo y la mente continúan funcionando, hasta que llega un momento en el que ya no pueden sostener el mismo ritmo.
Entonces aparecen la ansiedad, la angustia, la falta de energía, la pérdida de motivación o la sensación de incapacidad.
Y es precisamente en ese momento cuando empiezan a pensar que les ocurre algo grave o que se están volviendo incapaces.

Síntomas frecuentes del agotamiento y burnout

Cuando el organismo está agotado pueden aparecer síntomas muy diversos.

   A nivel físico:

  • Cansancio constante
  • Sensación de falta de energía
  • Tensión muscular
  • Sensación de agotamiento desde primera hora de la mañana
  • Problemas de sueño o insomnio

A nivel emocional:

  • Ansiedad
  • Angustia
  • irritabilidad
  • Llanto frecuente
  • Sensación de desbordamiento
  • Miedo
  • Pérdida de ilusión
  • Sentimiento de culpa por estar mal

A nivel mental:

  • Dificultad para concentrarse
  • Bloqueos mentales
  • Problemas de memoria
  • Pensamientos constantes
  • Pensamientos negativos o catastrofistas
  • Dificultad para tomar decisiones
Muchas personas describen una sensación muy concreta:
«Todo me cuesta.»
Actividades tan sencillas como ducharse, salir a caminar, quedar con alguien o hacer una compra pueden sentirse como una tarea inmensa. La desmotivación no siempre es falta de interés
Una de las interpretaciones más frecuentes es pensar:
  • «Me estoy volviendo vago.»
  • «Ya no tengo interés por nada.»
  • «He perdido la motivación.»
Sin embargo, cuando el sistema está agotado, la desmotivación no siempre significa falta de interés.
Muchas veces es una forma de reducir esfuerzos y proteger unos recursos que ya están al límite.
Del mismo modo que una persona con una pierna lesionada necesita disminuir la actividad para recuperarse, un organismo agotado intenta reducir la carga que soporta.
Por eso muchas personas sienten necesidad de aislarse, descansar o reducir actividades.
No porque no quieran vivir, o  porque no les importe nada, sino porque simplemente sus recursos están bajo mínimos.

Cuando el entorno no entiende

Uno de los aspectos más difíciles de esta situación suele ser la incomprensión del entorno.
Familiares y amigos intentan ayudar con frases como:
«Tienes que ser fuerte.»; «Tú puedes.»; «No puedes seguir así.»; «Tienes que animarte.» ; «Haz un esfuerzo.»
Aunque suelen decirse con buena intención, normalmente generan el efecto contrario, especialmente porque estas personas  ya son muy autoexigentes.  Aumentan la presión, la culpa y la sensación de estar fallando.
En estos momentos suele ser mucho más útil sentirse acompañado que sentirse empujado, aunque sea a mejorar, porque lo que se necesita es  más comprensión sin exigencia, menos presión y más seguridad.

La recuperación no consiste en esforzarse más, sino en  lo contrario.

Cuando llevas toda la vida resolviendo problemas mediante el esfuerzo, es lógico intentar hacer lo mismo con el agotamiento: luchar contra ello. Sin embargo, este suele ser uno de los errores más frecuentes, porque la recuperación consiste en permitir que el organismo reduzca el nivel de alerta y recupere recursos.

Implica aprender a:

  • Poner límites
  • Priorizar
  • Reducir sobrecarga
  • Respetar tus necesidades
  • Reconocer tus límites actuales
  • Desarrollar hábitos más sostenibles
Es fundamental identificar los patrones que sostienen este estilo de vida, y construir otros mas sostenibles.

Recuperarte es posible

Cuando una persona llega a este punto suele pensar que nunca volverá a encontrarse bien.
La ansiedad, el agotamiento y la sensación de incapacidad hacen que el futuro parezca imposible.

Sin embargo, con apoyo adecuado, comprensión y un trabajo orientado a reducir la sobrecarga y recuperar el equilibrio, la recuperación es posible.

La hipnosis ericksoniana es una herramienta capaz de facilitar estados de calma, claridad y acceso a recursos internos que inciden directamente en la recuperación.
Poco a poco vuelven la energía, la claridad mental, la capacidad de disfrutar y la sensación de control sobre la propia vida, no necesariamente para volver a vivir como antes, sino para construir una forma de vida más sostenible, más respetuosa contigo mismo y más compatible con tu bienestar.

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